Recientemente, en mis ires y venires, he sido escucha de un desolador testimonio de acoso sexual laboral. Lo desolador se va en que esta nefasta indignidad se propaga, pero no en la sujeto de quien referencio, pues es gallarda y fuerte. También, quisiera antelar acá que no requiero de mucha contextualización para proferir mi apreciación del hecho y figura pues, lo sabemos como sociedad, el contexto es omnímodo y ubicuo. Por lo tanto, prosigo con mi impulso emocional y mi decisión intelectual de noquear a estos pelafustanes, pues conozco la técnica perfecta para tumbarlos de una sola patada en la
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