El sobre blanco con remitente italiano esperaba
confundido entre los papeles de oficina acumulados durante una
ausencia. Conocía la mano con la cual se había escrito mi dirección en
tinta azul y por eso supe que iba a iniciar una aventura, que Sandokán
había regresado. Antes de abrirlo lo acaricié un momento y me asaltó,
como una ola gigante, el recuerdo de la isla de Mompracem y el rumor de
mares lejanos que nunca existieron.
Este sobre contenía un libro, recién aparecido de entre las tinieblas,
en el cual la aventura imaginada y narrada por Emilio Salgari a fines
de
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