La gente en Santiago, no se si es así en todas las ciudades,
se sube al auto y se vuelve “El señor del volante”. No se si vieron ese
capitulo de monitos Disney en donde Tribilín, profundamente pacifico y adorable,
se subía a su auto y se volvía un monstruo a la manera Santiaguina y pasaba a
llamarse así, echando humo por las narices y comportándose de la manera más
agresiva y egoísta posible.
¿Tanta carroña guardan los chilenos en su interior que no
tienen donde más limpiarla que al volante?
Somos piolas, callados, tímidos, castrados en tantos
sentidos, nunca
... Leer más