Sentada en un sillón; de esos rellenos de plumas infinitas, de esos que te devoran. Al lado, el hombre que dialogaba con mi cuello. En su mano, una copa. Y en cada palabra, un roce, una insinuación de lo que sería, pero nunca iba a ser. Un juego con el miedo impresionante, un juego impracticable. La luz estaba a media asta y era navidad. Yo sólo quería que siguiera hablando con mi cuello y sentir cómo el corazón se me iba por la boca. En constantes devaneos se acercaba, rozaba mi pierna con la suya y yo sentía que esa
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