Veinticuatro años recién cumplidos este dieciocho de septiembre del 2009, una edad que llega en una etapa de mi vida en que la sonrisa cobra notoriedad por sobre el resto de mis expresiones, y en que la felicidad interna de sentir el crecimiento y maduración personal como una constante del diario vivir se tornan parte de cada momento.
Como dice una amiga
"Me gusta envejecer porque los años van disolviendo lo superfluo, conservando lo esencial", cuan cierta se vuelve ese aseveración, una realidad que ronda mis pasos a cada momento, cada minuto que transcurre una nueva experiencia, y se conserva
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