Ahora que lo he
releído, comprendo el miedo que me daban estas páginas: el tiempo avanza, igual que el reloj made in
china, y estamos donde mismo: damos pena
dos veces al día, un par de sonrisas ídem y quedamos iguales.
Tuvimos un puñado
de días que salvaron la decisión visceral de volver (convengámoslo: no fue racional) pero aquí estamos de
nuevo: por enésima vez me dices,
“ándate”. ¿La razón? Nuestra incapacidad de vivir juntos, de hacer
cosas juntos.
Este período me ha
permitido rotularte: no sabes
compartir. Mucho tiempo me dije, puede
aprender, pero el problema es que
... Leer más