Cuando a los 43 años fui “abuelo” por primera vez; creo que estaba en una etapa de adulto joven y no lo percibí de la misma manera que ahora; es más, por esos días también esperaba la llegada de mi hijo menor...
Por otra parte, me encontraba alejado de mis afanes literarios y recuerdo que ni se me ocurrió escribir algo al respecto de aquel acontecimiento (sólo unos pensamientos para mi hija).
Pero hoy, habiendo alcanzado hace un mes el Km. 56, creo aquilatarlo de otro modo.
Los hijos deben y tienen que partir, a volar con alas propias. Aunque
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