“Niños en el tiempo” (1987) consolidó a Ian McEwan como uno de los renovadores de la literatura inglesa actual y confirmó su puesto de privilegio dentro del llamado “dream team” de las letras británicas, integrado por Julian Barnes, Martin Amis y Kazuo Ishiguro, entre otros.
A partir de esta novela el autor comienza a dejar atrás el apodo de “Ian Macabro”, apelativo muy preciso si se revisan sus primeros textos, marcados por las situaciones grotescas y claustrofóbicas en ambientes sórdidos y con personajes de obsesiones perversas.
Por el contrario, más allá del enfermizo infantilismo de Charle Darke y la precisión
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