Ayer, mientras dormía, comencé a mirame la palma de la mano y comencé lentamente a desatar los nudos que la atan, se abrió como flor de loto y de ella salieron las flores que corté en primavera y que puse sobre tu escritorio, esas que aromatizaron toda la casa, pero que tuvieron una muerte lenta y dolorosa como las que dan los floreros y las aguas estancada.
Seguí adentrándome, y volvieron a salir las piedras chiquitas que recogimos en la playa y que ahora descansan sobre la mesita que preparamos ese día para ellas, esta lo roja, la verde y
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