En mi visita semanal a la feria, lugar social que me agradamucho visitar, me encontré con la siguiente historia:
"Tenía un caballo casero, me relata el vendedor de verduras, que era capaz de tirar 2 mil 400 kilos de carga. ¡Casero! era un animal que hasta las riendas me las despedazaba con su fuerza.
"El piñiñiento", como lo llamaba, venía y comía al lado mío hojas de betarragas y de zanahorias, con sus raices incluidas.
Era bajo el animal, pero con una fuerza potente. Los puentes en subida los hacía a paso tranquilo sin demostrar mucho esfuerzo.
Mi animal lo
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