En
una de sus tantas sutiles exquisiteces sobre la existencia humana Oscar
Wilde señaló que “En este mundo hay sólo dos tragedias: una es no
obtener lo que se quiere; la otra es obtenerlo. Esta última es la peor:
es una verdadera tragedia”
Aplicada a un plano existencial más vasto, esa
frase me permitió esbozar una síntesis sobre un dilema en el que venía
pensando desde algún tiempo.
Como, supongo que debe suceder a muchos, cuando se
pasan los cincuenta y la propia muerte deja de ser una abstracción
remota para pasar a ser pensada como una realidad probable, el
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