Jenny caminaba por el centro mirando despreocupadamente las vidrieras cuando, de pronto, se vio envuelta en una manifestación con gritos de “mueras” y “vivas” y destartaladas pancartas de cartulina. Comenzó a apurar sus pasos al sentir el cercano ulular de un carro policial, el olor cada vez más intenso de las bombas lacrimógenas y la agitación de la gente segundo a segundo más enfurecida. Súbitamente, mientras huía se dio cuenta que apegada a ella lo hacía un muchacho que tenía cubierta por completo la cabeza por una larga bufanda de color verde petróleo. “Para protegerse de los efectos de las
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