Para tener la capacidad de asombro se requiere de pudor, humildad, amor por la verdad, constancia y de una cuota de ingenuidad, traducida en cierta pureza intelectual. Los niños de antaño y algunos sobrevivientes de nuestra posmodernidad, son el ejemplo obligado del asombro y de la admiración, en ellos el ¿por qué? es una exigencia frente al saber y a la obtención de respuestas significativas. El Principito obra de Antoine de Saint Exupery (1900 – 1944) “no desistía nunca de ninguna pregunta una vez que la había expresado”. Por el contrario el remanente de niños hijos de la posmodernidad
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