Cuando aparecieron los primeros casos de estafa telefónica en Chile, se entendía que abuelitas o gente inocente cayeran en su juego. Era algo nuevo y uno que otro esperanzado pensaba que de verdad ganaría un computador o un jugoso premio si compraba tarjetas de prepago o entregaba sus claves. Pero ahora ya nadie les cree, porque se les nota en 10 segundos que son unos chantas.
Hay que partir por el notorio esfuerzo que hacen por hablar correctamente y modular bien. Al final suenan como payasos y más de alguno les termina echando unos cuantos garabatos (y muchas veces obtienen
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