Postular que la vida humana tenga un sentido es lo mismo que pretender que la vida de las ballenas, por ejemplo, o de los hamster, de los murciélagos, incluso que la existencia de los gorriones, tenga un sentido, esto es, que su existencia tenga una finalidad definida por algo o por alguien.
Dice Salomón en el Eclesiastés, después de reflexionar y buscar afanosamente a qué puede el hombre destinar su vida, que conocer la sabiduría y el saber, la locura y la necedad, aun esto, dice, "es atrapar vientos”.
Pero no, nunca tanto, porque aunque es un hecho de la
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