En el Vaticano acaban de terminar la restauración de la
Capilla Paulina, tras cinco largos años. En ella está el último freco realizado por
Miguel Ángel, a quien se la había encargado La crucifixión de San Pedro. En ella decidió inmortalizarse, así como lo habría hecho anteriormente en la representación del Juicio Final donde su rostro cuelga de la piel arrancada de San Bartolomé.
Al momento de realizar la pintura, Miguel Ángel tenía ya 75 años. Se representó a sí mismo como un anciano con turbante, prenda común entre los artistas de la época.
El costo de la restauración fue
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