Entré en la habitación y te encontré respirando quejumbrosamente. Toda la familia se encontraba allí pasaron un par de horas y tu protesta a la vida seguía intacta. Después todos se fueron. Quedamos en ese cuarto con oxigeno, bolsas y medicamentos tus dos mujeres entrañables. En la espera tu hija rezo, rezo, rezo para augurarte un buen viaje, yo en cambio permanecí en silencio expectante a tu respiración. Fue una noche de espera, quizás una de las noches mas largas que pueda contar. Primero me senté a tu lado cogí tu mano buscando a mi abuela, pero lo que yacía
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