Como siempre visitaba el viejo restaurante de aquel perdido pueblito en Arizona.Allí, mientras miraba pasar los arbustos rodantes por la calleja deslavada, comía un sándwich antes de seguir mi periplo como visitador médico por la región.Masticaba cansinamente cuando entró un sujeto. Era alto, gordo y se movía a saltos como una rana. Se ubicó oblicuo a mí.Segundos después, ingresó otro tipo que era bajo y de orejas grandes. Se paró y se dedicó a mirar al tipo grande. De pronto, fue donde él y comenzó a hablarle.Discutieron. El pequeño intentó fotografiar al mayor, pero no lo logró: un eficaz derechazo
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