El bosque-raíz-laberinto
Italo Calvino
En un bosque tan frondoso que aún de día estaba oscuro, el rey Clodoveo
cabalgaba a la cabeza de su ejército, de retorno de la guerra. El rey estaba
preocupado: sabía que a un cierto punto el bosque debía terminar y entonces él
habría llegado a la vista de la capital de su reino, Arbolburgo. A cada vuelta
del sendero esperaba descubrir las torres de la ciudad. Nada, todo lo contrario.
Hacía mucho tiempo que avanzaban en el bosque y éste, sin embargo, no daba
señales de terminar.
-No se ve -dice el rey a su
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