El fin de semana se conoció el caso de una mujer que perdió su último embrión cuando la Sanidad británica lo implantó por el error de un practicante en otra paciente, quien, al enterarse de lo que había sucedido, decidió abortar. La afectada, quien decidió mantenerse en el anonimato, no podía tener niños por problemas en las trompas de falopio y había empezado un tratamiento de fertilidad en 1996 tras pasar varios años en lista de espera.
Ahora, una pareja blanca que tuvo un hijo de raza negra quiere demandar al hospital que llevó a cabo la fertilización de su
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