Un
instante: acezantes, ambos, el placer, la pasión, nada de palabras, ni
una mirada; en pausa, detenidos en el tiempo de un tic-tac que marca la
distancia, que nos recuerda que un instante no alcanza para vivir el
día a día.
Estas
horas de estar sin el otro han sido secas, frías, miserables. Me han
dejado incapaz de tomar decisiones o de no tomarlas. Es más: no sé lo
que entiendo y tampoco lo que no entiendo.
Trato de
soltar las amarras... pero los hijos, la fruta y la verdura, el
entrenamiento de atletismo, el cierre que hay que camibarle
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