Sonó el teléfono. Tras escuchar la voz quebrada que me hablaba corrió por mi ser un escalofrio intenso; se habia ido en un suspiro quedando como aquella hermosa pieza de Miguel Angel, entre los brazos de una dama. Dije No, como si con aquella afirmación monosilaba pudiera cambiar algo, que no podía. Aguante, esperé a que otros que me acompañaban salieran y solté en un abrazo el llanto que tenia al borde mi recien roto corazón. "Vi que te ibas y al mismo tiempo no lo vi" repetia en el silencio de mi ser con enojo por haberlo dejado. "por
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