El
OTRO YO
Se
trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras,
leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz,
roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa:
tenía Otro Yo.
El
Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía
cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba
mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra
parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía
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