Esta semana he querido besar a tres mujeres.
A una porque fue muy dulce conmigo, me sonrío cuando llegue
y me deseo muy buenos días. ¡Ay, caramelo maldito, como no querer besarle los
labios y estrecharla para siempre entre los brazos! La invite a un café, y ella
muy sobria me dijo “mejor un té.” Conversamos de los amigos y del viento, quise
besarla.
A la segunda porque no lo fue para nada. Me miro como se
mira a un cajero en el banco y me deseo muy buenos días. Con tono de desatención
me preguntó por un libro, o
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