Sí, siguió su curso. No se detuvo nada: ni las palabras, ni las imagenes, ni las penas, ni las experiencias.
Hoy hace frío. Y tengo la impresión que aunque salga el sol, este sentimiento helado no se irá. Por un rato largo. No hay nada más gélido que el desencanto: el darse cuenta que lo que se creía no es ni fue ni será. Simplemente es un NO.
A lo que más temo es a que deje de importarme. A que la ausencia se torne realmente ausente; a que lo lejano sea la mejor compañía y a que el silencio
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