"El Libro de Elim", el texto sagrado por el cual e guiaba nuestro rey Auloxio III (Q.E.P.D.,) era claro en que éste año arribaría un forastero -ciego, retacón, con un inconfundible olor a algas remojadas y una áspid grabada en el antebrazo derecho-, el que llevaba el secreto del instante y el modo en que el reino perecería.Al cabo de unos meses se hizo comparecer ante el trono a un hombre que cumplía con todos los rasgos.Poseía éste un idioma inaudito que a Belicius, el traductor oficial, le fue sumamente trabajoso esclarecer.Los que oyeron el diálogo sólo advirtieron que el
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