Euclidio, cuando le ocurría un hecho venturoso, solía celebrarlo yendo a cenar a restaurantes. Y siempre, invariablemente, encontraba un pelo en su sopa.Un día, hastiado, decidió pasar estas instancias en casa.Pasó mucho tiempo sin que ningún acontecimiento feliz beneficiara su vida. Hasta que, con ocasión de celebrarle sus compañeros de oficina como el Empleado del Año en su propio domicilio, halló de nuevo un cabello en su crema de espárragos.Ayer falleció Euclidio. En realidad fue hace cuatro días, pero sus familiares aún no lo sepultan. Ellos, sentados a una larga mesa de mantel negro con crespones, pesquisan, esperanzados, una y
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