Las fieras
Roberto Arlt
No te diré nunca cómo fui hundiéndome, día tras día, entre
los hombres perdidos, ladrones y asesinos y mujeres que tienen la piel del
rostro más áspero que cal agrietada. A veces, cuando reconsidero la latitud a
que he llegado, siento que en mi cerebro se mueven grandes lienzos de sombra,
camino como un sonámbulo y el proceso de mi descomposición me parece engastado
en la arquitectura de un sueño que nunca ocurrió.
Sin embargo, hace mucho tiempo que estoy perdido. Me
faltan fuerzas para escaparme a ese engranaje perezoso, que en la sucesión de
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