Una tarde quieta descubrí que mi planeta ya no
existía, había sido tragado por las fauces del metaverso. Era el mayor
de mis dominios, el más antiguo, y aún así no hice nada para salvarlo.
Por un breve instante sentí saudade e incredulidad. Tecleaba
"www.el-planeta.com" una y otra vez. Pero todo había terminado.
En vez del sitio web diseñado y codificado a pulso en 1999, donde en
una época hubo decenas de artículos sobre el advenimiento de internet,
ahora aparecía un cartel ofreciendo al mejor postor mi nombre de dominio que
había expirado… hacía meses. Fui víctima de cazadores de
... Leer más