La monumentalidad del edificio hizo que Meridiano Lara entrara a éste a fin de pedir trabajo. Allí, mientras conversaba con la desconfiada recepcionista, apareció un señor gordo, de maneras muelles y afables a quien la señorita identificó como mister Dollsman. De inmediato, el caballero le preguntó qué requería. Y no bien se lo dijo le ofreció un puesto como administrativo. Encantado, Lara selló el acuerdo dándole un efusivo apretón de manos.La empresa se dedicaba a la exportación de acero y ocupaba las enteras dependencias del edificio. Su dueño era, claro, mister Dollsman quien usaba una de las oficinas del último
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