Tengo un hombre, o quizás dos o tres…o probablemente no sean
ni dos ni tres sino es uno el que me llama desde los horizontes cósmicos para
que mi mente pase noches con él, una noche y si puedo, dos o tres, o son tres los que me llaman
al unísono para que seamos dos, o tres o uno.
Y en los viajes (que siempre son más de uno, dos o tres), en
los solitarios trayectos pienso en los tres, o en los dos o en uno y cierro los
ojos con las estrellas iluminando las grabaciones del subconsciente cargadas
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