Artículo publicado en el diario El País de España
Ironizó Einstein que Dios no juega a los dados, pero que a veces
escribe en renglones torcidos. Debió pensar lo mismo el poderoso
cardenal Joseph Ratzinger cuando tomó, el 19 de febrero de 1999, la
decisión de no molestar al fundador de los Legionarios de Cristo, el
carismático sacerdote Marcial Maciel. Ratzinger actuaba como presidente
de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sobre la mesa del ahora
Benedicto XVI se acumulaban entonces decenas de denuncias contra Maciel
por pederastia y abusos sexuales. Pero el fundador legionario, venerado
hasta entonces
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