En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a
fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que
lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.
Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace
mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que
la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la
vaina.
Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales;
los hombres lo pensaron y lo formaron para un
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