- ¿Qué pasó? –le pregunté; pero no me respondió- Y recién me avisas –continué recriminándolo en su silencio-. Eres un pobre huevón, ¿Por qué no me avisaste al toque? –pero él, en su mutismo, en su lejanía, ni un queco siquiera por la huevoneada, solo hacía como si masticara una hilacha de pasto seco, pero sin llegar a morderla- ¿Por qué no viniste a contarme antes? Acaso no somos amigos. Dime: ¿Qué fue lo que sucedió? Vamos, pues, carajo, cuéntame, tal vez se pueda hacer algo –le dije, totalmente mortificado, pero sabiéndome que ninguna esperanza aceptaría.
- Y qué mierda
... Leer más