Las herramientas fueron testigo del absoluto descenso ante la cascada
de la carne, relincho de mordeduras de alacrán, como los templos, como los
templos, como la gracia, como la tierna infancia de las constituciones
arrogantes, con los peores jueces y los lentos abogados, globo sordo, la grasa
negra de las pausas en que nos partieron el cráneo y la mascada. Dime que no es
una dosis de automatismo tu entrada profunda en el recorrido del cometa rojo
como un satélite perdido en tu galaxia descapotable, y yo, un tótem sobre un
carretón en movimiento.
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