Por Víctor Sampayo
Es muy sabido que se puede practicar
la lectura en casi cualquier parte: en la cama, en un sillón, de pie
mientras se es apretujado por el gentío del metro, en el piso,
recostado sobre el césped de un parque, en el asiento de un autobús,
mientras se espera a alguien, y por supuesto, también en las
bibliotecas, aunque paradójicamente es uno de los lugares en los que
casi nunca leo. Sin embargo, uno de los sitios más placenteros para
leer, al menos para mí, es sin lugar a dudas el baño; es decir,
mientras uno está
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