El otro día salí de la biblioteca como tantos otros; me dirigí hacia el casco antiguo de la ciudad, con esa soledad acompañada, bajé la cuesta que dirige al cruceiro, sonreí con la pintada que anuncia que "
en esta casa vivió el vecino de Valle Inclán" pero al adelantar el paso, una mujer me detuvo para preguntarme algo; era una mujer de piel rosada, cabellos oscuros y ensortijados (como diría Saramago) aunque un tanto despeinada; llevaba una camisa azul y pantalones oscuros.
Quiero ser claro porque realmente fue una situación entrañable; la pobre mujer estaba totalmente desorientada porque había bebido
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