VALDIVIA-2009-03-15-P?g-04.PDF
En un medio de adjetivo fácil, calificar a algún escritor como “maestro de la palabra” no exige mayores aspavientos.
Claro que con Germán Marín no hay caso, porque los laureles calzan perfecto con la corona de prolijidad de su prosa, urdida con retazos de ironía y resentimiento.
Para un lector acostumbrado al laconismo de Hemingway o Carver –sí, lo confieso- la escritura barroca de Marín puede resultar algo difícil, pero eso no es punto en contra cuando cada palabra, cada descripción, termina disfrutándose a sorbos, como un licor excelso que provoca y conmueve con su brutalidad.
Novelista consumado –
... Leer más