Para reanimar mi rutinaria y desacariñada relación con Diáspora, traje a casa una boa constrictor. Al principio fue ,simplemente, la solución mágica, el abracadabra salvador, ya que le puso un sabor de aventura al simple hecho de estar en el hogar. ¡Ah, cómo nos divertíamos cogidos de la mano, huyendo por los cuartos y esquivando los muebles que parecían ponérsenos enfrente como si también ellos estuvieran en son de juego, mientras, la boa, ululaba zigzageante detrás nuestro! Y cuando nos tragaba, dulcemente, como dos cálidos spaghetis, venía lo mejor. Sí, allí, en la completa oscuridad de su estómago, con Diáspora,
... Leer más