En su origen y desarrollo, el núcleo central de las religiones es la visión sagrada o mística consistente en la intuición o encuentro con la divinidad, experiencia personal extrema en torno a la cual se unen los participantes.
En esta asociación o relación religiosa están claramante diferenciados sus integrantes, una parte son los titulares o propietarios de las visiones, y la otra sus seguidores, discípulos o creyentes, que participan de la experiencia mística indirectamente, a través del relato de los primeros.
Entre unos y otros se forma necesariamente una relación vertical, intensamente jerarquizada, en la que uno es el intermediario
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