Fuma con exquisita languidez, el dolor le sienta tan bien.
Nunca como hoy se ha visto tan hermosa, nunca como cuando sus ojos grandes se hacen excesivos y espesos.
Es la obsesión lo que la embellece hoy, su maldita obsesión, sus labios escarlatas y las palabras trizadas.
No recuerda su nombre, entre dientes lo murmura angustiada.
Los yuncos de sus labios pierden y desdoblan letras y sonidos. Verdes yuncos, muarés de serpentinas.
La angustia le sienta tan bien, tanto como sus pechos ávidos y sus muslos siempre tibios.
No llora pero sus facciones sí.
Su caballera entera llora y ella
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