El frío viento vespertino elevó algunas bolsas que deambulaban por
aquel desconocido peladero, mientras la micro de la que habíamos
descendido se fundía con el horizonte.
- Amiga ¿dónde mierda estamos?
- No sé amiga, parece que la cagamos.
Es
que la vida nos esperaba en algún lugar, y al admitir que ninguna de
las dos sabíamos "para dónde iba la micro", la lógica de la
desesperación nos llevó a bajarnos antes de que nos terminara dejando
aún más lejos de lo que probablemente nos encontrábamos ya de nuestro
destino.
Y, tristemente, mientras un rubio metro 80 inusualmente
parecido a
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