El ego es un cuadro de Escher. Subes por una escalera que te saca de ti pero que te devuelve a ti. Te repites y repites una y otra vez en los demás sin verlos, los otros son invisibles para ti. Sólo eres tú y tú enfrentados a ti. Y no lo sabes. Ni lo intuyes. El daño que le haces al resto poco y nada te importa. Porque sólo ves lo bien que les haces, lo hermoso que eres. Jamás al violento demonio que eres mirándote al espejo una y otra vez. Porque el ego también es un viejo
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