Febrero, día cualquiera.
La imaginación duerme apacible al otro lado de la almohada, yo escribo estas líneas. Escucho el silencio. Se escucha.
Ha llovido, esa lluvia del sur. Huele a tierra húmeda, los árboles y sus cien colores lucen coquetos las últimas gotas de agua. Levanto la mirada y veo un destello, es una gota que cae. Y por ese segundo entiendo la eternidad, escondida en esa gota que destella, se suspende y finalmente cae. En el silencio la escucho caer.
Un té caliente acurruca mis manos. Hace frío pero me gusta.
Hace un tiempo ya que mis ojos no
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