El meo matinal, aquél requeguardado,
acumulado gracias a la extrema flojera de dejar el calentito plumón de ganso
sintético en mediados de julio, es el momento perfecto para el importante
entrenamiento: escribir tu nombre completo en el agua del guáter – apellido
paterno y materno. Con una sonrisa taquilla en la cara, trato de prender mi
humor a la fuerza aún antes que el sol se firme.
Esta mañana, durante mi sesión de
entrenamiento matinal, se me ocurrió que tal práctica – además de lavarme los
dientes con ambas manos, rasurarme con jabón de piedra, leer Quino al evacuar y
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