No lo sé muy bien, ese baño me parece viejo. Tiene aire de viejo. Tiene olor a viejo. Creo que son los azulejos, amarillos, con diseño añejo. Creo que es el lavador de granito barato o el urinal de acero con rodajas de limón. Creo que es la luz, también amarilla, pero no suficientemente amarilla para mostrar que mis dientes son, todavía, blancos, blanquísimos; no amarilla suficiente para ver en el espejo mis ojos que, si bien son blancos, ahora se ponen enrojecidos por unas duras lágrimas. Enrojecidos se sostienen entreabiertos por las hondas ojeras de la noche en vigilia.
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