Llamo al móvil de mi amigo Juan. Él contesta al tiro, como es la costumbre de los cosmopolitas habitantes de los grandes centros urbanos.
Alo-o! escucho, con eco.
¡Juan! ¿Tai en el ascensor, weón?
No-o. – contesta, extrañando mi pregunta, nuevamente con eco.
¿Tai en la iglesia?
Tampo-o-co-o… - responde ya un poco vacilante con el rumbo de la conversación.
Entonces estai cagando, he, ¡conchesumadre! – concluyo, por deducción, el diálogo.
No fue esa la primera ni será la última vez que sorprendo algún weón en el baño hablando por celular. Es un síntoma más de cómo estamos siempre
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