La
naturaleza del súper es el magistral escenario que auspicia la mordida.
Oh, sí, los pasillos y su huella laberíntica, la irritación que provoca
el exceso (de mercaderías por supuesto), los incontables árboles
(artificiales pues) con sus luces inocuas. La música emblemática y
serial. Un conjunto armónico de luces (de colores) correctamente
conectadas a sus circuitos actuando de trasfondo para abrir el
necesario apetito que requiere la fiera. Y aquí estoy yo, en plenitud,
protagonizando el espectáculo intransable de las horas.14 o 16
horas en que me apego a esta, mi segunda casa, con los pies casi
completamente destrozados. Y
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