Continuamos nuestra conversación sobre comunicación sentados en un café. Tú pediste dos cafés expreso al mozo, el que regresó - presto - con los dos cafés, los tomamos celebrando la calidad del brebaje, pagamos y estamos a punto de pararnos e irnos. Entonces, nos ponemos a examinar la comunicación satisfactoria que hemos tenido con el mozo; especialmente a observar todo lo que ya - antes siquiera de entrar al café - tenemos coordinado con el mozo, que normalmente no observamos y damos por presupuestado, y sin lo cual la comunicación no puede establecerse.
Aparecen ante nuestros ojos, en primer lugar,
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