El espacio, recuerdo bien, era un lugar de lugares. El lugar es para quedarse. No son los lugares puntos de paso, como un restaurante a la orilla del camino o una estación de servicio o una plaza de pago de peaje, o un aeropuerto. En un lugar la velocidad se hace cero; había tiempo para usar.
LLegar a Chillán tomaba diez horas por caminos de piedra y tierra, en verano. En invierno sin falta se cortaba la ruta por inundaciones. A veces había que regresar para intentar el paso días después. A veces, por lo general, se podían buscar desvíos
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